Entre el intrusismo y el colonialismo

Por: Marc de la Osa 

En las últimas décadas, el Tarot ha vivido una extraña paradoja:nunca ha sido tan popular y, a la vez, nunca ha estado tan asediado. Hoy, el noble arte de la interpretación simbólica se enfrenta a dos fuegos cruzados. Por un lado, el arribismo de quienes ven en el mazo un salvavidas económico ante el desempleo o por cualquier otra razón; por otro, el intento de monopolio de ciertos sectores de la psicología que buscan despojar al tarotista de su herramienta para etiquetarla como exclusividad clínica.

La baraja como "subsidio": el peligro del falso tarotista

La crisis económica, la precariedad laboral, y otras muchas causas,han empujado a muchas personas a buscar ingresos rápidos. El problema surge cuando alguien decide que, a falta de empleo, comprar una baraja y leer un manual de diez páginas es suficiente para abrir una consulta.Este"tarotista de emergencia" no nace de la vocación o el estudio, sino del apremio. 

El riesgo no es solo el error en la interpretación, sino la falta de una estructura ética. Sin una base sólida, el ficticio tarotista cae fácilmente en lav erborrea, el determinismo catastrófico o el consejo irresponsable sobre salud y leyes, ignorando que el Tarot es, ante todo, un lenguaje sagrado que requiere años de maduración, mesura, tacto,oficio y sobretodo respeto. 

La trampa de la verborrea y el vacío legal 

A diferencia de un médico o un abogado, el tarotista no posee un"título oficial" que lo avale. No existe un diploma estatal que separe al estudioso del charlatán. Esta falta de regulación es el caldo de cultivo perfecto para el oportunista .El impostor domina la "lectura en frío" y el lenguaje ambiguo, buscando la validación rápida del consultante. Mientras tanto, el tarotista serio se apoya en la simbología, la espiritualidad, la historia y la filosofía, citando a referentes como Jung,  Jodorowsky o Pollack y a otros tantos distinguidos autores. Sin embargo, ante los ojos de un público desprevenido,ambos parecen lo mismo. La única acreditación real del tarotista honesto acaba siendo su bibliografía,su honestidad intelectual y su negativa a mercadear con el miedo. Y como no, por su prestigio y reputación, demostrada por los años dedicados al servicio de la comunidad.

El asalto de la academia: ¿Un monopolio del símbolo?

Este vacío de acreditación ha sido aprovechado por un sector de psicólogos y terapeutas que, tras años despreciando el tarot como"superstición" o “hechicería”, ahora pretenden apropiarse de él bajo etiquetas como "TarotTerapéutico" o "Proyección de Arquetipos" y otras etiquetas parecidas. Intentan validar la herramienta solo si quien la sostiene tiene un número de colegiado, ejerciendo un colonialismo intelectual que ignora una verdad profunda: el inconsciente colectivo no es propiedad de la clínica, sino una dimensión sagrada de la experiencia humana. Limitar la interpretación de los arquetipos al ámbito académico es intentar ponerle cercas al océano. 

El Tarot, como depósito de la memoria simbólica del mundo, debe estar al alcance de todo aquel que, con sinceridad, rigor y entrega, se dedique a su estudio. El derecho a dialogar con lo sagrado y lo simbólico no se obtiene en una facultad, sino a través de la honestidad intelectual y la resonancia con esos símbolos que pertenecen a toda la humanidad por igual.

¿Es el Tarot una herramienta válida solo cuando la utiliza un psicólogo o un terapeuta, pero un engaño cuando la emplea un tarotista que lleva décadas estudiando sus símbolos? 

Reclamar el monopolio del símbolo es, en última instancia, reclamar el monopolio del alma.